Partos de Nacho [20]: Frida Street Food

Foto sacada de internete

Una vez más nos encanta recibir los Partos de nuestro queridísimo amigo Nacho, así que aquí os dejamos su genial forma de explicarse:

“Frida Street Food”

     Tenéis derecho a pensar que solo escribo en positivo de los locales de restauración que visito, pero la verdad es que no me considero ni de lejos un gourmande y los sitios que no me agradan –que los hay- pues simplemente son obviados y, a parte de no volver, creo que no debo siquiera hablar de ellos. Al menos públicamente, en privado es otra cosa.
     Unos viejos amigos, Beto e Inés, han abierto no hace mucho el restaurante de nombre “Frida” trasladándose desde el local donde empezaron en la Cuesta de las Cadenas que era lo más parecido a un pasillo estrecho que he visto. Ahora están en la Calle Santa Lucía en un local no demasiado grande pero en el que ya puedes estar cómodo.
     Como su nombre indica, sirven sobre todo comida para llevar, pero al fondo hay cinco mesas donde te puedes quedar tan tranquilo a comer.
     Entre semana no suele haber problema al mediodía según me dijeron, pero por latarde-noche es otra cosa; es conveniente reservar los fines de semana a cualquier hora pues el comedor no es lo que se dice grande y ya tienen su clientela fija.
      En la cocina “vive” Inés, que lleva años en esto de la hostelería y es cocinera profesional. Digo esto porque es importante saber que no es solo una mujer que cocina bien y es intuitiva que ha puesto un local de comida; sino que sabe lo que se trae entre manos y el por qué hace cada cosa en cada plato. Y esto, lectores, es muy interesante, como sabéis.
     “Beto” es –entre otras muchas cosas- músico, y hace unos años con su grupo hizo un par de giras por México, país del que vino encantado (incluso se trajo máscaras de luchador) y con ganas de traer algo de allí. Su gastronomía, por ejemplo, y hace muy buenos cócteles, por cierto.
     Le reconoceréis por el sombrero “panamá” que luce, aunque no se si tendrá cuentas “off shore” de esas allí. Por alguna razón que se me escapa nos trajo la cuenta habiendo cambiado su sombrero por un auténtico casco de marine de esos de Viet Nam. ¿Desconfianza?. Pues no, resulta que es una “tradición” del local que indica que es hora de cerrar y es como un “aviso” a posibles disidentes.
     En la barra y sirviendo mesas está Churi, amable, divertido y eficiente. Muy majo.
     A eso de las dos y media allí que me presenté con mis dos camaradas habituales, Javi y Héctor; y he de confesar que los dos tienen, por viajes y por paladar más conocimiento que yo en eso de los platos “exóticos”; además de que su hobby es la cocina y no lo hacen nada mal, así que yo, a callar.
     De entrada, a los tres nos gustó la decoración (se ve claramente la mano “amorosa” de los propietarios) y la exquisita limpieza del local (se ve claramente la mano de todos); y nos sentamos a comer.
     La carta es suficientemente amplia y variada (siempre dentro de la oferta del local) como para que nadie se quede con ganas, y está escrita y comentada con sentido del humor que os sorprenderá gratamente, pues te cuenta no solo lo que estás pidiendo, sino la historia del plato en cuestión en tono jocoso.
     Nos hizo gracia la “Ruleta Azteca”, que es como la “rusa” pero en divertido: cinco tacos de los cuales uno lleva una de esas salsas picantes infernales que te atrofian los sentidos durante el resto del día. Cada uno toma el suyo al azar y… Como ellos comentan, “cuatro ríen, uno no”.
     Nos decidimos por el “Chili con Carne” y unos “Nachos Machos” como entrada común y luego un “Burrito”, una “Hamburguesa BB King” y un “Po`boy”.
     El chili es su plato estrella, y estaba perfecto: suave al paladar y contundente al estómago. Lo comimos al estilo marinero: cucharada y paso atrás; y nos supo a poco.
     Verdaderamente bien hecho y sabroso nos encantó a los tres, y podéis creerme si os digo que a veces no nos ponemos de acuerdo ni en respirar. Fuerte aplauso.
      Los “nachos”, pues muy bien. La salsa contenía un guacamole casero exquisito con su toque de queso y tomate molido que francamente nos gustó mucho.
     La carne que se sirve es 100% de tudanca, y se notó en la hamburguesa “BB King” que se zampó uno de mis amigos sin hablar, lo que en mi opinión es el mayor y mejor homenaje a una cocinera. Apenas me dejó invadir su plato con mi aguerrido tenedor para comprobar que, en efecto, la carne era de calidad.
      El burrito, pues sabroso y hecho con ingredientes frescos y en su punto. El que lo comió, Héctor, me dejó probarlo sin demasiada resistencia (es más educado que el otro) y puedo atestiguarlo. Faja de torta de maíz, trozos de pollo (también ecológico y “tratado personalmente” por los dueños), queso fundido y una salsa llamada “Pico de Gallo” que no tengo idea de qué diablo puede ser.
      Añado aquí que los platos salen de cocina sin picante alguno, pero puedes solicitar cualquier tipo de salsa para acompañarlos; desde la leve, infantil y ligera que ni te enteras de que pica hasta arrojar infiernos por la boca. Atención los “gallos” presumidos, si piden lo máximo en picante lo tienen también y pueden retorcerse en el suelo entre aullidos, y eso no da buena imagen.
     Yo me decidí por el Po´boy, y no dejé residuo que se pudiese investigar. Se trata del famoso bocadillo que se sirve en las calles de Nueva Orleans, y su nombre se traduce como “chico pobre”, pues no es sino el bocadillo popular de los habitantes de allí que se ha convertido en un clásico por el turismo y los viajeros que van en busca de música y juerga que abundan en esa ciudad. (Y tiros, atracos y Gambas, lechuga, tomate y salsa Remoulade servidos entre dos rebanadas de pan semi tostado crujiente. Francamente delicioso y me declaro adicto a él desde hoy (ayer) hasta cuatro días después de muerto. No soy demasiado de hamburguesas ni de comida por el estilo, pero este bendito bocadillo es otra cosa.
     El resto de la carta contiene ensaladas, hamburguesas (puedes elegir dentro de lo razonable los ingredientes que desees) y especialidades de la cocina “Tex-Mex” que probaremos en otra ocasión, mas postres diversos.
     Y si tenéis suerte y vais por la tarde podréis tomar el mejor cóctel “Margarita” del mundo; me batiré con los discrepantes si los hay en singular duelo. No tuvimos esta vez la fortuna, pero yo les he bebido hace mucho del mismo autor y no tienen rival que yo sepa. Son fantásticos.
     Sangría, vinos y cervezas completan la oferta para acompañar.
     He de confesar que se me ocurrió escribir sobre el “Frida” una vez comenzada la comida, y a mi compadre se le ocurrió tomar las consabidas fotos ilustrativas; pero los chiles con carne ya eran un vago recuerdo y de los nachos quedaba la mitad. Otra “Frida Street Food”. Mucho más que una hamburguesería, tampoco es un restaurante clásico al uso y no es demasiado grande, pero…  recomendable y recomendado.
By Nacho 16/04/2016

Partos de Nacho [19] Donde Dije «Digo»…

Siempre es una alegría abrir el correo y ver un nuevo aporte del genial Nacho para el Blog así que aquí os lo dejo y espero os guste tanto como a nosotros:

Donde Dije «Digo»…
Pues debo decir un tímido “Diego”. Y me refiero al licor “pisco” del que afirmé que no era lo mío.

Bien cierto es que sigo prefiriendo para mis libaciones los whiskeys de Escocia y de Irlanda, y cuando llegan las calores veraniegas (pero también en invierno) nada me satisface más andando de copeo que el magnífico gin tonic, pero aquí estoy para reconocer que el pisco también tiene sitio.

Resulta que el 30 de Enero fui a comer con un viejo y querido camarada a “La Mar Brava”, restaurante peruano que ya cité en este blog (el enlace aquí) y que nos sigue pareciendo de lo mejorcito de la oferta gastronómica internacional que podemos disfrutar en Santander y que frecuentamos cuando podemos; y nada más entrar vimos que habían colocado un cartel que anunciaba el “Día Nacional del Pisco”, el 6 de Febrero.

Nos pareció un poco exagerado que un restaurante por bueno que sea organice “Días Nacionales”, pero cuando al poco se lo comentamos a Daniel, el chef , nos afirmó que en Perú tienen un día institucional dedicado a su bebida nacional y que se celebra como si tal cosa.

Me pareció bien, y pensé que por qué España no tiene una fiesta ni parecida a esa. Un –por ejemplo- “Día del Vino” que, si no me equivoco, es nuestra bebida nacional en la que se divulgase la cultura de los vinos españoles y se contase con apoyo institucional y privado para contar sus virtudes y su valor económico para la nación. 

¿Tan egoístas son los bodegueros que no se organizan entre todos y todas las zonas vinícolas y denominaciones de origen a una?. ¿Acaso el mamoneo nacionalista campante lo impide?. No lo se. Lo dejo aquí, pero la idea me parece con toda humildad buena.

El chef Daniel es un hombre totalmente enamorado de su cultura nacional, y a poco que trabéis conocimiento y amistad con él os daréis cuenta de que sabe mucho de lo que ama y se apasiona con lo que hace, así que nos improvisó una cata de piscos con los que pretende celebrar su fiesta.

Nos sacó pisco de tres uvas (reconozco que pensaba que ese licor era ancestral e incluso precolombino y mira tu, es de uva), y nos dispusimos a ello.

Resulta que en Perú no se cría vino, y el fruto de las cepas es destilado directamente para aguardiente, y distinguen los licores según la clase de uva de la que procede.

La marca de las botellas era “1615” de la bodega limeña “San Nicolás”, y pudimos catar tres tipos: “Mosto Verde Torontel”, “Italia” y “Acholado”.

Antes que nada debo recordar que mi paladar no es nada del otro jueves, y que me gustaría que “narices” infinitamente más precisas que la mía hiciesen una cata “en serio”. Estas son sólo mis impresiones personales por si a alguien pueden interesar; así que entenderé perfectamente a quien deje de leer aquí y piense: “Ya está éste con sus chorradas”.

El primero, el Torontel, para mi modesto paladar fue el mejor; y es un digno compañero en igualdad de cualquier cordial que se pueda tomar en una sobremesa. Tiene aroma delicado, en el sentido de que no sospechas en la nariz que tiene 42º de “octanaje”, y se siente un agradable sabor y calorcito cuando llega al estómago. 
Bueno, de verdad.

El segundo, hecho con una variedad de uva llamada allí “Italia” (?) de la que nunca había oído hablar me resultó más suave aún, incluso flojito. Y con menos aroma agradable. 

Foto gracias a Héctor


No obstante, tiene su “aquél” y no se pierde nada probándolo; sobre todo teniendo en cuenta que lo estoy narrando yo.

El tercero, “Acholado”, se me antoja por su nombre el más popular allá, y consiste no en una mezcla de uvas sino de tres licores distintos como producto terminado; cada uno basado en uvas diferentes: “Italia”, Torontel” y “Quebranta” según porcentajes establecidos dependiendo del resultado que se quiera obtener.

Foto gracias a Héctor


Me pareció el más áspero en boca y sentí el “bombazo calórico estomacal” un buen rato hasta que se disiparon los efectos. La graduación es la misma, pero el efecto fue mucho más notable.

No tomamos el famoso “Pisco Sour”, el cóctel nacional; pues he de volver a decir que me parece demasiado dulce y no me va mucho.

Debo decir que, en resumen, me resultó el “Mosto Verde Torontel” un licor agradable y que ha merecido que se coloque en mi pequeño altar de “cosas a beber en sobremesa”. 

Os animo a probarlos y ya me diréis los que no tenéis el paladar de madera repujada como yo mismo cómo os ha ido la cata.

NOTA DEL AUTOR: Mi camarada Héctor tuvo a bien fotografiar las botellas para ilustrar el escrito como se hace en este blog, pero dada mi absoluta inutilidad en temas de informática no he sido capaz de incluirlas aquí. Mis respetos a su trabajo y mis disculpas por mi ineptitud.

(Esto va dedicado a Laura y Santiago, dos niños felices y maravillosos).

By Nacho 31/01/2016

Gracias a Hector por mandarnos las fotos, un fuerte abrazo amigo y a ver cuando compartimos momentos otra vez.

Partos de Nacho [18]: Gastronomía Legionaria

Estamos de enhorabuena pues Nacho nos deja un nuevo Parto así que aquí os lo dejamos, esperamos os guste:

Hace unos días terminé el libro sobre la Guerra de la Independencia sobre la que escribí mi anterior post, y nadie debe preocuparse: en el libro volvíamos a ganar al final a los franceses y la Historia permanece igual.
      Luego de un par de novelas policíacas, “negras”; he vuelto a la Historia y me estoy sumergiendo en la antigua Roma; especialmente en su herramienta implacable de conquista y colonización: la Legión Romana.
      Como de costumbre, intento evitar los simples relatos de batallas, emperadores y gladiadores y me centro en el día a día del ejército romano, en quienes eran y cómo vivían; y he llegado a la conclusión que eran gente muy, muy dura; sacrificada y brutal en muchas ocasiones. Tal vez los mejores soldados de la Historia.
      El autor de uno de los artículos del libro es Roberto Pastrana que, a parte de más disciplinas que domina, es un apasionado de la vida cotidiana en la antigua Roma y un “recreacionista” de la época.
      Los legionarios eran muy brutos, dije, y para muestra un botón: en Agosto de 357 un general llamado Juliano se puso al frente de 15.000 legionarios para intentar derrotar a los alamanes en  la Galia.
      El ejército romano avanzó desde antes del amanecer y marchó durante 30 Km. bajo un sol de justicia hasta que avistó al enemigo cerca de la actual Estrasburgo. El ejército está agotado, pero Juliano comprende que ha sorprendido a los alamanes y que a la ocasión la pintan calva; así que ordena atacar y obtiene poco después una victoria 
      ¿Cómo lo hicieron?. Luchar una batalla tras una marcha forzada bajo el Sol de 30 Km. no es poca cosa,  mas cargando con la impedimenta militar; y teniendo en cuenta que los legionarios comían dos veces al día (almuerzo y cena), que está calculado que consumían al día mas de 5.000 Kilocalorías y que su dieta principal consistía en pan, aceite, algo de carne, queso y, agua con algo de vino y los vegetales y legumbres que pudiesen encontrar.
      Pues lo hicieron, y no solo fue esa vez ni mucho menos. Gente dura; muy dura.
      Tras el magnífico artículo de  don Roberto Pastrana, ofrece al lector una receta legionaria de uno de los “menús” favoritos de aquella tropa, supongo que por si alguien se atreve a guisarla, comerla, cargar con más de 25Kg. de peso, marchar 30 Km. y después combatir un buen rato con bárbaros sedientos de sangre. Yo no pienso hacerlo, naturalmente, mi seguro no incluye suicidios masoquistas.
      Se trata de la “PULS FABATA”, unas gachas de trigo o cebada con alubias que mostró un tal Junkelmann (que debe saber mucho de esto) sobre un texto de Plinio el Viejo:

INGREDIENTES (para 4 personas):

250 gr. de trigo o cebada. Si no hay disponible utilizar sémola de trigo duro.
120 gr. de alubias o habas secas (en remojo previamente).
20 gr de tocino.
1 cebolla.
Agua, aceite, vinagre y sal.

PREPARACIÓN:

Calentar una olla con aceite, añadir la cebolla y el tocino troceados y rehogar. 
Añadir el trigo y rehogar. Verter algo de agua y las alubias.
Remover y echar más agua si fuese necesario.
La consistencia deseada es la de una papilla o puré parecida a la actual 
“ZUPPA DI FARRO” de la Toscana.
Sazonar con vinagre y sal y probar antes de retirar del fuego. Regar con un 
poco de aceite antes de servir.
Se pueden utilizar otros ingredientes como zanahoria y/o ajo.
(Markus Junkelmann
“Punis militaris. Die Ernärungdes römischen soldaten oder der Grundstoff 
der Match”)
    
  Lo dicho: gente dura.

By Nacho 17/01/2016

Partos de Nacho [17]: Sopa de Huesos

Ya echábamos de menos una de estas entradas del genial Nacho, aquí os dejamos una receta muy especial:

Receta decimonónica

En estas fechas dadas a la subida estratosférica del colesterol y los triglicéridos debido a los fastuosos abusos a las que somos tan aficionados (y que no nos falte), estoy disfrutando de un libro sobre la Guerra de la Independencia 1808-1814 que me está pareciendo muy interesante, ya que no solo cuenta las batallitas sino que habla de la forma de vida de militares y civiles en la época.

Haciendo la eterna digestión de todo lo que me he metido y suponiendo lo que a esta fecha (27/12) aún me falta por meter, he dado con un capítulo que habla no ya de las necesidades alimenticias de los ejércitos enfrentados, españoles, ingleses y portugueses por un lado y franceses y sus aliados por otra; sino e las tremendas hambrunas que pasaron todos combatiendo años sobre una tierra improductiva por el abandono y sin rutas de abastecimiento.

Así he encontrado esta receta de campaña para uso de sargentos y “cavos” (sic) editada en la única parte de España que no llegó a ocupar Napoleón, Cádiz; y que dice bien a las claras que todo se puede usar para comer y que “a buen hambre no hay pan duro”

He respetado el castellano en que está escrita, pues creo que le da un toque mas auténtico.
Felices fiestas a todos y, cuando estéis ante una mesa colmada, recordad a esa pobre gente de tropa.

Sopa de huesos

Si en un sitio de Plaza u otro paraje donde escasean los alimentos se quiere sacar partido de los huesos, se podrá usar el método siguiente:
Se ponen los huesos y se los machaca en un mortero destinado a ese objeto, quando están hechos pasta, se extiende en una cacerola de oja de lata como las espumaderas, la que se llama diafragma.
Se mete en una olla llena de agua y se pone a hervir como para azer la comida ordinaria: una libra de huesos cocido en ocho cuartillos de agua, es decir la medida para quatro libras de carne.
Da después de seis oras de cocer a medio hervor cerca de siete quartillos de caldo, y deja media libra de suco alimenticio que dan los huesos. Este caldo quando se enfría deja dos onzas de grasa que se puede emplear en la cocción de legumbres.
El peso de los huesos cocidos disminuye una mitad y el caldo que produce es igual a quatro libras de carne
“Instrucción para sargentos y cavos de la Infantería”, publicado en Isla del León, Cádiz 1813