El Hipódromo de Bellavista


Lo primero deciros que esta visita la realicé para la ya desaparecida Gastrocantabria, en Febrero de 2008, son más de dos años, con lo que pido disculpas pues seguramente algunos de los platos ya ni existan, pero creo que lo escrito es para que se lea, y al no haber sido nunca publicada pues aquí os la dejo:
Recuerdo al poco de empezar en este mundo de la hostelería, allá por el añooo mejor no escribirlo, me gustaba coger la bicicleta e ir a buscar a los amigos, o incluso algún compañero de trabajo, y en nuestro pequeño rato de por las tardes (siempre que no tuviéramos guardia en el restaurante) subir hasta el faro, para disfrutar de las maravillosas vistas, y de la tranquilidad, que allí se respira. Pocos lugares hay como ese, donde llevar una buena lectura y relajarse. Ahora, desde el año 2005, tenemos una taberna restaurante, con una maravillosa terraza, en donde podemos, además, disfrutar de una buena cerveza o comer en compañía de las personas elegidas, les estoy hablando del Hipódromo de Bellavista. Fuimos dos personas a comer, para contarles la experiencia y poder ponerla en sus manos.
Una gran barra al fondo con muchas mesas donde disfrutar de un picoteo o simplemente algo de beber, y a la izquierda los comedores.
Con una franca sonrisa nos acompañan a nuestra mesa, un local con ambiente de pub inglés, muy bien logrado, y con buen gusto. Las mesas están vestidas con faldón granate, cubre blanco y servilleta del mismo color. Pedimos todo para picar y para acompañarlo un tinto de Cigales, Museum Real, es en este apartado donde están algo cortos de referencias y denominaciones, y el precio siempre se puede ajustar un poco más.
Mientras esperamos la comida nos sirven una espuma de centollo con txangurro de aperitivo, estaba rica con una textura agradable, para iniciar la comida con buen pie.
El primer picoteo fue ensalada de chicharro en escabeche ligero, la verdad que estaba muy apetitosa, con escabeche muy bien logrado, llevaba aguacate, cherry, tomate dado, piñones, pimiento, cebolla confitada, la pena que nos pusieron un convoy en el que el aceite y vinagre no eran nada del otro mundo.
Seguimos con tartar de atún rojo y aguacate, un buen atún bien marinado, y bien ligado con el aguacate en dados, con un cordón de reducción de cabernet alrededor, que le venía muy bien.
Continuamos con nuestras croquetas de hongos y foie con mermelada de manzana y frambuesa, las mermeladas servidas en recipiente aparte estaban sabrosas, las croquetas por el contrario estaban fritas de más y con exceso de harina, para olvidar.
Y como plato fuerte pedimos para compartir un codillo de cerdo confiado con reducción de jugo de carne, buen sabor, con esa carne que cuando le das un buen punto de cocción se deshace en la boca, merece la pena que le pidan pues está exquisito.
No pudimos con postre, la verdad las raciones son abundantes.
El tinto de bodegas Finca Museum acompañó perfectamente, servido a buena temperatura, posee un color guinda, de gran intensidad, con aromas a frutos negros y especias (clavo), en boca posee una buena acidez, es sabroso y largo, un buen vino no excesivamente caro.
Pasamos un rato más que agradable, gracias al servicio del camarero que nos atendió con gran profesionalidad.
La factura para los dos con un café bastante malo ascendió a 85.71 €, no estuvo mal

Puntuación: 5,5 Pasable.

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