La Venta del Perro, para comer y buscar vida interior

Fachada, sin cartel, ni luz.

 Aquí ando otra vez, debería escribir más, aunque también debería salir más, o no, pero como hoy os traigo un local diferente, pues es difícil empezar a escribir. Ya fue difícil ponerle el título, pero salió de una conversación en la mesa con los que tuve el placer de compartir, mantel (de papel) en este local. Me dijeron: “a ver como explicas este local, lo tendrás difícil porque tienes poca vida interior”. Y va a ser que es cierto, vida interior para que, mejor tenerla exterior, y en esta mierda de crisis inventada, ocasionada y mantenida por los bancos, tengamos vida exterior, para desparramar y dejar salir las pocas neuronas que nos quedan. Así que allá voy, a hablaros de La Venta del Perro. Lo complicado es situarle dentro de los locales de hostelería y voy a decir que es una casa de comidas y cenas. Donde comer y cenar poco más de lo que hoy os traigo. Sin cartel, sin luz en la entrada, donde te atiende un matrimonio ya entrado en años, pero muy entrado en años, ya casi saliendo. Aspecto del bar del pueblo con una barra alta, para los antiguos, yo casi no llego a ella. Antiguo, pero limpio. Gente mayor pero con una amabilidad para quitarse el sombrero y mucho más. Encima, alegres por verte entrar, con el clásico cliente sentado al lado de la barra, mirando la televisión (por supuesto no plana, de las de antes) leyendo el periódico, sólo le falta el cigarro de liar, o el celtas, que seguro lo lleva en el bolsillo. Sientes volver al pueblo, cuando entrabas en el único bar que había, la mente se me va estilo Hommer Simpson. No se por qué, pero me sentí más a gusto aquí que en el último dos estrella michelín que estuve, o sí sé por qué, simple naturalidad, sin chorradas ni tonterías, comer, alimentarse, zampar y pasarlo bien, y dejar fuera problemas, estress, ansiedades y demás cosas que sólo sirven para joder la vida interior de uno.
Y basta ya de rollos, se acerca la señora y nos dice lo que tiene pa cenar y pedimos casi todo al centro y comienza el baile:
Ah, se me olvidaba, eran las 11 de la noche y pocas veces me sentí tan bien recibido, salvo en otro local que en breve os contaré.

Detalle del comedor

Cesto de pan de verdad, nada de precocido ni historias, de esas bollas que en dos días aún no se ha puesto reseso (como dicen en Galicia):

Tabla de embutido, ahí tenéis: jamón, queso, chorizo, lomo, a cada cual mejor, aunque tengo que hacer punto a parte del queso…. No me llegó el pan.

Pulpo: Espectacular tabla, pimentón y aceite de lujo, con un punto de cocción sólo superado por Minniky; sin palabras

Callos: Juer con los callos, pedimos otra y pantoprazol para el estómago, y más pan. Con ese puntito picante, uno de los mejores callos que he probado nunca.

Ensalada de bacalao: Me equivoqué, el otro plato que tenían era Bacalao estilo vizcaína y yo elegí la ensalada, para olvidar la verdad.

De bebercio, pues Sangría, y birras, es que ni vino me apetecía pedir. Genial de verdad, el precio de risa ni os lo digo, ir vosotros… Si lo encontráis y nos contáis. Una pista La Venta del Perro está en San Justo de la Vega, cerca de León.

Venta del Perro, donde empecé a preguntarme, qué es la vida interior.

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