The Ninja Bartender (III) ¡Qué me quede como estoy!

Pues por fin tenemos la tercera del Ninja Bartender, que nos cuenta su experiencia por el Hospital, local que por desgracia visita con demasiada frecuencia, a consecuencia de su enfermedad crónica. Esta no va de una conversación de mesa, pero creo que refleja muy claramente lo que pasa a veces en el Hospital:

Que me quede como estoy

En esa semana antes de navidad, es común oír la frase: “si no nos toca, pues salud”. Yo pienso para mi: “si no me toca, que me quede como estoy”. Pues por desdicha, la salud no ha sido mi fuerte y esto me ha hecho ser huésped muchas veces del hospital y hace tiempo que perdí la cuenta de ellas.

La estancia en el hospital es aburrida. Todo sigue un horario y controlar ese horario te puede dar alguna libertad de movimientos.  Cuatro comidas: a las 9:00, 13:00, 17:00 y 20:00; dos termómetros: a las 8:00 y 16:00; una ronda: de 9:00 a 12:00, y las señoras de la limpieza a partir de las 10:00.
Para aliviar esta monotonía tenemos un televisor en la habitación al que le dedicare unas palabras a sus gestores:
-¡Sois unos chorizos! Si hay justicia en el mundo, en medicinas os lo gastareis.
3,60 € por un día de tele, la veas o no. Y ojito, que aquí es barato. ¿Y a quien le debemos estos precios? Pues al cártel mafioso mas grande de España, la SGAE.
Así a ojo, a cuenta del dolor ajeno, la empresa externa se embolsa en bruto unos 600.000 € al año.
¿De qué político hay que ser familia para pillar un chollo de estos?
¿Y la wifi gratis para cuando? Hasta los kioscos de helados la tienen ya.
Tema aparte son las máquinas expendedoras. Con la estúpida idea de que el enfermo no pueda coger lo que quiera de ellas, las retiraron de todas las plantas. En todo el hospital, solo ahí una maquina, en urgencias, pegada a la entrada.
Vamos, como que si quieres algo, no te lo van a traer; o sino, con dos cojones, te abrigas y te bajas hasta el séptimo circulo del infierno a por la botella de agua. Joder que solo quieres agua, no un vodka con naranja.

De todas formas, he conseguido salir por mi propio pie gracias a seguir a rajatabla las tres normas básicas para sobrevivir allí:

Primera: no comas lo que te traigan. La comida es pésima. Da igual que te comas un filete que una manzana, todo sabe a plástico. Ni la sal lo mejora.
Consigue contrabando del exterior. Con esto no te digo que te pongas morao a bogavante, pero si te traen un filete, consigue mejor uno de fuera y así con los demás alimentos que te traigan. Ganaras en salud y moral. 

Segunda: duérmete antes que el compañero. Como te toque un compañero que ronque lo llevas clarinete. En esa habitación oscura y ese silencio hospitalario, un simple ronquido te puede parecer la tormenta perfecta. No vas a pegar ojo en toda la noche. Aquí es recomendable el uso de una radio con cascos, que no solo te valdrá para la habitación sino también cuando estés tirado en urgencias durante días, rodeado de gritos y lamentos.

Tercera: mea siempre en el tarro. Con la “insignificante escusa” de ver si tus riñones filtran adecuada los medicamentos suministrados y no se colapsan, te hacen echar el trina en un tarro. Utilizando grandes ecuaciones, controlan lo ingerido con lo expulsado:
-¿Cuantos vasos de aguas has bebido?
 – 3 – dices
-¿grandes o pequeños?
– Uummm, así.
-¿algún zumo?
-no.
Aplicada las formulas, si no coincide lo recogido con lo míccionado estas perdido. Se activaran todas las alarmas. Aparecerán varias enfermeras de las fuerzas especiales, sonda en mano, canturreando: “Aquí llega el dolor, aquí llega el dolor”.
Cual hereje ante la inquisición solo te queda confesar y pedir clemencia.
-Que si, que vale, que meé en la taza. Que no me apetecía una mierda a las cuatro de la mañana levantar el puto tarro para mear.
Y más te vale, por tus muelas, ser convincente. Conseguirás, con suerte, que se retiren mientras te increpan.
-¡En el tarro, siempre en el tarro!

Analizado el entorno, me centrare en la fauna. Básicamente se compone de médicos especialistas adjuntos, enfermeras y Mirs.
Los médicos adjuntos son los que te curan. Los médicos de aquí, son muy buenos, saben lo que hacen. Nada que envidiarle a ningún sitio.
Las enfermeras son las que te cuidan. Una maravilla, son las que llevan el timón y se comen los marrones, saturadas de trabajo, nunca me han puesto mala cara cuando les he dado la chapa, y yo soy de los suaves.
Y por ultimo están los Mirs que son los que te joden. Son como los mecánicos cuando llevas el coche, que te arreglan una cosa y te joden tres.
Detengámonos un momento analizando esta criatura.
Uno pensaría al verlos que son médicos competentes, gente responsable, si están allí es por algo. Pero… tú no los has visto borrachos,  tú no los has visto a cuatro patas, tú no los has visto desatar su “dark passanger”. Yo si, muchas veces. Cada cierto tiempo organizan una cena todos ellos para festejar el no haberse cargado a nadie y yo he sido testigo directo de muchas de ellas.
Al puto Gil Grissom le costaría descifrar si en ese salón ha cenado humano o bestia. Se quedaría sin tubos para analizar la cantidad de fluidos rociados por la estancia. Trozos de retrete en la mesa, vasos rotos, parafernalia medica de juguete. No puedes dar un paso sin que oigas un crujido de cristales o pisar un charco. La zona cero era más habitable que eso.
 Tienes desde el tonto que se quiere llevar la bandera de España, hasta el tonto que se mete debajo de una alfombra haciéndose el fantasma. Se cree un fantasma. Es un puto fantasma.
Cuanto hay que forzar para que un empresario diga:
–    Basta ya, no quiero vuestra pasta.
Huevos como cocos hay que tener para quedarse en pelotas y anestesiado en un quirófano con estos cerca. Si no son capaces de agarrar un vaso, imagina un objeto cortante.
Pues hay me ves, entrando por urgencias en la mañana del día siguiente a esa cena. Y cual es mi sorpresa que al abrirse  la cortina del box se me aparece un caminante de “Walking dead” vestido de verde, con la mirada fija al infinito que me farfulla:
–    güenos días, ¿que le ocurre?
Madre de Dios, me dije, no puede ser. Pero si estos lagartos trabajan al día siguiente.
Siendo generoso habría dormido 4 horas. Estaría hasta las patas de redbull. Y ya que tienen barra libre en el dispensario, se prepararía un glucosado con piridoxina y un chute de tiamina y capitán general.
–    A ver, ¿a quien toca operar ahora?
Di gracias que fui por un cólico ya diagnosticado, porque si no, me veía marcando con un carioca mis extremidades, con las palabras. “NO CORTAR”.
Después de ese día, les perdí el respeto. Viendo eso como puedes tomártelos en serio, como puedes tragarte lo que te recetan sin mirarlo antes en Internet o consultar a un privado. Es imposible, te juegas la vida.
Pero ¿que es un M.I.R?: es el nombre de la antigua estación espacial soviética y de medico interno residente.
Sus funciones son las mismas, orbitar alrededor de algo mucho más grande que ellos, que en el caso que nos ocupa, es un médico adjunto, que es el que te cura. Mi madre los llama “los mariachis” porque van alrededor del que lleva la voz cantante.

Y para finalizar, he conseguido agrupar a cuatro tipos de ellos: no están todos los que son pero si son todos los que están:
–    los houserin@s que se creen mas listos que dios, que después de pasar de leer la historia del paciente y del tratamiento, a veces acertado, dado en urgencias , dan con un nuevo e innovador método para curarlo que se le había pasado a todo el mundo, esperando con ello, un jodido premio Nobel. Son los culpables de que te tires ingresado cinco días mas retorciéndote de dolor y comiéndote algún que otro daño secundario que no traías consigo cuando ingresaste.
–    Los rajoyrian@s que como decía José María García :” por donde pasan no manchan, pero tampoco limpian”.  Su frase favorita es: “No se preocupe, esto es normal. Ahora vendrá el especialista.” Y tu que coño eres, ¿el acomodador? Y así te puedes pasar unos días hasta que acabas en la uci, y gracias a una enfermera espabilada. La de marrones que les libran ellas a estos.
–    Los hij@deputa que son los que al entrar en la habitación al hacer la ronda, y te apagan la tele a dedo y no con el mando. A ver, so payasos, no os dais cuenta que el enfermo se tiene que levantar de la cama para volver a encenderla. Puta gracia hace eso, con 25 grapas en el pecho y una vía central en el cuello. Recuerdos desde aquí para su puta madre.
–    L@s anatomía de grey, que solo los veras en la cafetería y por los pasillos, siempre de punta en blanco y solo piensan en follar. Tendrán curro seguro, cuando acaben, en la clínica de papa poniendo tetas o en alguna aseguradora. Es obligación de los padres mantener a los hijos, aunque sean unos zotes. Si alguno te toca, empezara hacerte preguntas chorras y acabas tu dándole una clase de medicina. Te mirara agilipollado descubriendo que las cosas que le cuentas no viene en su guía de autoayuda “Se médico en 3 semanas”. Al llegar a ese punto le dices: “Léete la historia y déjame vivir”.   

6 opiniones en “The Ninja Bartender (III) ¡Qué me quede como estoy!”

  1. No es la primera vez que lo digo y es triste tener que reptirlo, cada vez más a menudo:

    Hasta para enfermar hay que ser rico.

    Ojalá la salud nos respete y nos mentenga alejados de esa fauna de irresponsables matasanos.

    De nuevo ha sido un texto de grata lectura. Un saludo sr. Bartenter & cía.

    1. Daninland@ por desgracia tienes razón en cuanto que hasta para enfermar hay que ser rico, y como esto siga así, aun más, pero bueno, tengo fe en que todo se puede cambiar.
      Escribe muy directo el Ninja y es que por desgracia ha pasado demasiado tiempo en el hospital a pesar de ser joven.
      Un saludo a las tierras Danis

  2. Ciertamente para reír… y después temblar.
    Tomo nota de los sabios consejos de supervivencia recibidos porque nunca se sabe cuándo vas a aparecer por esos lares, y me sumo total y siceramente al homenaje que Bartender rinde a esos angeles uniformados que son las enfermeras.
    No mintiendo y parafraseando a Churchill "nunca tantos debimos tánto a tan pocas"; y es totalmente cierta esta afirmación: los ejércitos son conducidos por generales, pero sencillamente no funcionan sin suboficiales y l@s Diplomados en Enfermería son la columna vertebral de la Sanidad.
    Que no nos veamos por allí y saludos!.

    1. Bruno@ en todos lis estamentos no debemos olvidar que los importantes de verdad son los peones, sin ellos jamás ganarás una partida, la pena es que parece que hoy en día eso no es así, pero tenemos que cambiarlo. Un fuerte abrazo

    2. En todos sitios cuecen habas, y hay de todo como en toda profesión; pero os puedo asegurar con conocimiento de causa que la sacrificada profesionalidad de esas (repito) ANGELES de la salúd hacen que todo,-TODO-, sea posible y siempre,-SIEMPRE-, estaré en deuda de gratitud con ellas. Desde Carmiña, enfermera de Urgencias que hace de cada sutura un arte hasta Susana, una jóven que intenta a veces con éxito no llevar la carga psicológica de su trabajo a casa.
      Ahora las están despidiendo y ponen su trabajo en precario porque según dicen no hay dinero para la supervivencia, (literal), pero siempre hay para los bancos.
      MALDITOS SEAN SIEMPRE!!!.

  3. Bruno6@ Entre todos tenemos que luchar para evitar eso que tu dices, que se carguen a los que valen y regalen la pasta a sus amigos banqueros. A Luchar y a por ellos, y que vivan las enfermeras, y los currantes de verdad de todos los sitios que hay muchos y muy buenos.

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