Bodegas Mazón de Santander desde 1902: el tiempo no les ha enseñado

He ido a comer a Bodegas Mazón de Santander porque…

Me encanta mi estilo de vida, me permite libertad, eso de que te escriben y dicen…

Oye que vamos a mirar que vinos compramos en premier ¿nos vemos a la 1 en Santander?

Vale, es cuestión de coger el tren ir a Peña Herbosa y estar dispuesto a disfrutar. Lo demás está controlado.

Al final cervezas, blancos, tintos y algo más que algún Larpeiro comentará en el blog, quedamos dos con hambre y sed.

Miramos y decimos, oye, vamos a bodegas Mazón de Santander que nunca he ido y es un clásico en Santander.

Pues ala pa ya  que vamos.

Lunes 15:00 h. el local está vacío, desanjelao, puede ser el día o la hora, nos enseñan nuestra mesa y vamos a disfrutar.

Una carta plastificada, debo pensar que estoy en una bodegaaaaaaa.

Preguntamos, algún vino fuera de carta. Dicen No.

Vale pues perdemos más tiempo en qué beber que en qué pedir para comer.

Mira que he estado en locales por toda España pero no he visto una selección de vinos peor que en Bodegas Mazón de Santander. ¿Pero para que se llaman bodega? Es como llamarte cervecería y solo vender San Miguel…

En fin pedimos La Invierna de Rioja, Reserva 2016. Sin misterio, en nariz tiene un maderón que no se va por mucho que lo movamos, y en boca pues es puro jugo de liquído conservante de lata de espárragos, con una acidez más que arreglada, y un montón de chips que nos dan ganas de pedir cola para acompañarlo.

Pero como estamos en modo zen, pasar de todo y disfrutar pues pedimos para comer:

Nos traen unos vasitos, preguntamos lo que es: Gazpacho de calabacín, lo probamos y no sabe ni a gazpacho ni a calabacín, a veces es mejor no poner nada…

gazpacho de calabacin

Albóndigas de carne con patatas fritas: 6 Albóndigas que estaban ricas, aunque el sabor a pimiento predominaba en exceso. Las patatas fritas creo que fue las que les sobró del fin de semana, no es que fueran pre-fritas, es que parecían fritas, guardadas y calentadas en la freiedora.

Picamos también Callos Caseros. Cuando llegó el plato le pregunté a mi compañero si había pedido media ración porque me pareció poca cosa, sin guarnición ni na.

Pedimos unas patatas fritas para acompañarlos, sí, somos unos talibanes, pero dispuestos a tragar nos da igual, luego nos tomamos aloe a trisca para los reflujos de estómago y ya. Nos traen rápido las papas, mucho mejores que los otras, pero nada del otro mundo. Y nos cobran 2,00€ por ellas. Ole que huevos tienen.

Por cierto, los callos estaban ricos, aunque con mucha grasa y sin chorizo, será receta de Santander o un estilo Mazón…

De postre pedimos Tabluca de quesos de Cantabria, solo porque teníamos mucho que hablar y sed, y con el queso te puedes beber cualquier vino, y nos aventuramos a pedir el vino de la casa. Esta bien eso de ponerte el plato en medio la mesa y no decirte nada de lo que te han puesto, igual el vasito es un jarabe anti covid, o lo blanco es mozarella… El trabajo en sala…. esto es poner de comer y llevar bandejas, ¿¿¿eso es un camarero???

Y fue un viaje en el tiempo el vino de la casa, cuando en el Molino de Puente Arce en 1974, te ponían su vino, pero este de Mazón estaba… con queso pasable. Por favor, que vino más malo. Luego se quejan de que la gente no beba vino, gracias a Bodega Mazón lo raro es que alguien se anime a pedir vino allí.

Hasta el pan estaba regular y eso que nos costó 2.40.

Os voy a dejar el tiquet de la comida y eso que no suelo hacerlo, pero ahora entiendo como un lunes a esa hora, que casi todos los locales de la zona cierran y deberían estar más animados, estaban vacíos.

Comida de una calidad media, vinos de muy mala calidad y sin variedad, solo el servicio fue en momentos ligeramente amable, pues hasta ellos en momentos parecían ser de Bodegas Mazon de Santander de 1902.

Una pena la verdad…

Pero esto es nuestra opinión, esperamos la vuestra y si estamos equivocados nos lo decís, También es cierto que nadie nos paga por hablar bien o mal, solo contamos nuestra experiencia, que después de casi 40 años, comiendo, bebiendo por toda España, algo sabemos…

 

 

Restaurante Machinero, deberías conocerlo

No sé como empezar a escribir esta experiencia en el Restaurante Machinero. Casi nunca os cuento mis momentos gastronómicos de por ahí. Pero es que esta ha sido de un nivel sublime. Aunque esperado, fue sorprendente. Por la cocina, por el momento, por los recuerdos. Porque a pesar de los años parece que fue ayer…

Me dicen donde quieres ir a celebrar tu cumple, y contestó, ya que pagas tu, te toca elegir.

Y me dijo al Restaurante Machinero, y la verdad que después de más de 20 años con ganas de ir a ver a Fernando creo que ya era hora de hacerlo así que fuimos con muchas ganas.

Subimos al comedor y fue una grata sorpresa, mesas de buen tamaño, con espacio entre ellas, manteles y servilletas blancos. Mira que me gusta ese color para vestir las mesas. Pues eso un restaurante.

La carta digitalizada con código QR, para los tecnosexuales como yo pues me gusta mucho. Así seguro que siempre estará limpia, y fácil de poner al día.

Nos cantan lo que hay fuera de carta y decidimos pedir todo para picar. A decir de verdad no pedimos, nos dejamos aconsejar. Me gusta eso de danos de comer…

Somos dos para zampar, porque es lo que hicimos, parece que íbamos con hambre así que este es el maravilloso viaje que nos pegamos en el Machinero

Nos traen de aperitivo Salmón Marinado. Empezamos muy bien, más que salivar se nos llena la boca de emociones. Con un salmón en su punto. Todo un acierto.

Pedimos un Albamar de nuestro querido amigo Xurxo. Encima con la suerte de ser del 2017, mira que le sientan bien los años a este vino, ya nos hacíamos a la idea de que no nos iba a dar con una botella. Acidez puntera, melocotón envolvente, grasa que llena el paladar, para entrar por el gaznate y sentar de maravilla al estómago. Un vino que no defrauda.

Gazpacho de melón y gambas, presentado en copa de cóctel, armonía de los sabores, vinagre en su punto, hasta el pepino en una medida más que justa, nunca pido gazpacho soy más de salmorejo, pero Fernando me ha enganchado.

Ceviche de gambas y wakame, hacía tiempo no me tomaba un ceviche tan bueno. Decir espectacular es poco, la lima con el toque de jengibre me dejó más que pillado, aparte de ser una ración generosa. Soy fan del ceviche sin lugar a dudas y elaborado así aun mas.

Apareció un mil hojas de berenjea, foie y jamón. Pero que rico. Cocina de base, con experiencia, sabiendo hacer las cosas, un plato muy sabroso, el agua de tomate exquisita, y la mermelada combinaba genial.

Langostinos en Salsa al horno fue una sorpresa, un plato que me recuerda mis tiempos de La Sardina y El Molino y Las Quebrantas de mi padre en la Calle Alta, y cómo no, ese gran cocinero y por desgracia desaparecido Luis “Badanas” (qué momentos a su lado…) Se resume en que estaban más que de vicio, que me acabé todo el pan y terminé comiéndome la salsa a cucharadas. Bestial

Pedimos también Ventresca de Bonito a la Sal. Anda que no he trinchado yo pescados a la sal. Creo que es la mejor forma de comer el pescado y el marisco.

Cuando tienes el punto cogido al horno como en este caso Fernando ha demostrado sobradamente, el pescado está que se sale, y encima una ventresca de muy buena calidad.

Pedimos también un tinto, bien sabéis que eso de blanco para pescado y tinto para la carne no va con nosotros así que Habla del Silencio 2018 fue el elegido. Un vino al que se le pide lo justo que entre bien, y en este caso cumple las expectativas. Si hubiera que ponerle un pero al Restaurante Machinero es la carta de vinos, entiendo su política a la hora de escoger los vinos, pero bueno, para mi se me hizo ligeramente complicado elegir entre los que tenía. Sé que puedo ser algo especial en ese tema, pero qué le vamos a hacer, soy así.

¿Pensáis que no hubo postre? claro que si, teníamos hueco para más, somos auténticos larpeiros, así que hagamos honor a ello y una vez más el Restaurante Machinero nos sorprendió.

Tarta de Chocolate y Nata sobre Tierra con Helado de Nutela, para llorar de rico, la tarta de chocolate como la de siempre si señor Fernando un nuevo aplauso para ti.

Hojaldre caramelizado y helado de Dulce de Leche, Mi madriña, por favor, otro nivel, con una crema de frutos rojos espectacular, el hojaldre inmejorable.

Tomamos cafeses y orujeses, y charlamos con Fernando, recordando momentos, historias, amigo eres un grande, gracias por recordarme lo que me gusta comer y beber, gracias por sentir comer de verdad y no quinta gama, gracias por mantener la palabra Restaurante donde se merece. Si señor.

Os dejo aquí el enlace para que veáis la carta, es lo bueno de la era digital.

Restaurante Machinero en la calle Ruiz de Alda 16, 942- 314-921. Si estáis en Santander no dejéis de ir a visitarlo, su cocina es genial. El servicio es amable, familiar, me gustó.

Una vez más gracias Fernando y volveremos, me has dejado un buen sabor de boca, y aun mejor, un sabor del alma como hacía tiempo no sentía.

Restaurante Vino y Marea de Santander: Sólo picamos pero volveremos

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Quien nos lo iba a decir, sin proponérselo, sin hablarlo, sólo dando un paseo, una de las personas del grupo nos dijo que estábamos cerca de un local que le gustaba mucho, así que fuimos hasta allí y entramos.

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Nada más cruzar la puerta estaba Samuel con una sonrisa en la boca que nos trató de auténtico lujo, y nos dejamos en las manos de la persona que conocía el local y bebimos y comimos como santos cerdos.

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Pedimos vino para tomar una copa y directamente nos pusieron un Tinto de Apellation Chinon Controlée Domaine de Grezille, que estaba bueno, algo astringente y con toques metálicos, pero seguramente necesitaba tiempo de oxígeno para dar más de sí.

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Nos tomamos dos pinchos para acompañar el vino, uno de Maganos y otro de carrilleras

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¡Qué buenos,  por favor! es que hasta el pan del magano estaba de lujo.

Nos íbamos a tomar alguna copa más del vino cuando nos cuenta que tenía en la cava el Nana 2013 de Rías baixas, os habíamos hablado de la añada 2007 aquí, y por supuesto que le dijimos que abriese una botella, puesto que, como podéis leer en el post, nos gusta este vino.

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y este 2013 está realmente bueno, está espectacular ese toque a orejones, con una acidez de vicio y con muchísima vida por delante. ¡Cómo nos gusta este Nana!

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Para pasar mejor el blanco Samuel nos puso una ración de mejillones. No tengo palabras para decir lo buenos que estaban, sólo que el hombre tuvo que dar unos cuantos paseos para traer pan porque más que barquitos en la salsa pusimos trasatlánticos para no dejar nada en la cazuela de barro. Ricos no… lo siguente.

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Ya que estábamos en racha pues nos sacó algo de postre y aquí os dejo la foto cuando nos dimos cuenta de hacerla. Los tres muy ricos y sabrosos, hubiéramos pedido otra ración más.

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Y como no quedaba blanco pues nos puso también un vino para acompañar el postre:

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Vignoble des Rouannières cuvee prestige 2014, nos encantó con ese toque dulce de uva bien pasificada, cantidad exacta de azúcar para que no resulte empalagoso, una rica golosina en buena armonía con el postre.

Hubo café y nada más, creo que fue bastante para que el nivel de estibación no resultase muy dañado.

Vino y Marea, volveremos a darnos un buen homenaje, por todo, por cocina, por que Samuel es una gozada charlar con el de vino, porque me encanta un sitio donde poder tomar vinos que nos gustan sin que te asesinen la cartera, encima una selección de vinos por copas que muchos ya quisieran para sí.

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Animaros a conocer este local en la Calle Bonifaz 13 de Santander, porque os va a gustar seguro.