El Maître Impecable de Arturo Pérez Reverte

Os traigo hoy el artículo firmado por Perez Reverte en el XLSemanal del 7 de Julio. Nunca he hecho esto pero creo que merece la pena para aquellos que no lo halláis léido.

He de decir que me he enterado de este artículo gracias a nuestro colaborador Nacho. Me mandó un mensaje de texto, si un msn, es que Nacho está en su mundo y aún lo des guasap como que no le va, y me dijo que al leerlo le recordó mucho al Maître de Hotel que ambos conocemos, y tiene toda la razón. Encima al acabar de leer el texto sentí un escalofrío y aunque Reverte no sea de los que más me gustan, de hecho casi nunca leo sus columnas ni libros, he de decir que este artículo es para quitarse el sombrero, hace que la profesión de sala esté en el punto que realmente se merece.
Os dejo el enlace aunque a continuación os copio y pego el texto: El Maître Impecable.
El Fervor, en Buenos Aires, a un paso de mi hotel y de la Recoleta. Tengo una cita para comer con una señora cincuentona, ya algo ajada, antigua gloria secundaria de la escena y la tele argentinas. Una propuesta por su parte para un espectáculo de teatro musical sobre una novela mía. A las primeras cortesías compruebo, asombrado, que viene con una copa de más. O más de una. Y a tales horas. Habla fuerte, ríe con estridencia y la lengua no siempre responde con precisión. Mi primer impulso es largarme, pero hay cosas que no pueden hacerse. Que llevan su método. Marcelo, el maître, nos conduce a la mesa que tengo reservada. Profesional impecable, ni siquiera pestañea cuando la señora pide un vino seco y afrutado. «Me temo que no será posible -responde-. En nuestra bodega sólo hay secos, por una parte, y afrutados, por la otra. De la variedad mixta no nos queda». La señora se decide por un afrutado; y yo, que a esas alturas no sé dónde meterme, le dirijo a Marcelo una mirada de angustia que acoge con un leve entornar de ojos afirmativo, tranquilizador. Pedimos ensalada y pescado, Marcelo se retira, la señora parlotea sobre el proyecto en voz demasiado alta y yo hago como que la escucho, muerto de vergüenza, mirando el reloj de soslayo. Mientras un camarero sirve el vino -afrutado, confirma la señora chasqueando ruidosamente la lengua- me levanto y, con pretexto de lavarme las manos, me acerco al maître. «Habrá observado -le digo en voz baja- que la señora no se encuentra bien». Sin mover un músculo de la cara, Marcelo asiente: «No se preocupe, don Arturo. Queda entre nosotros». Su tono indica que ha reconocido a mi acompañante, pese a la edad y al estado etílico. «Quiero pedirle un favor -le digo-. Haga que nos sirvan con la mayor rapidez posible para acabar pronto». Marcelo me tranquiliza con una leve sonrisa profesional. Reprimo el impulso de darle unas palmadas de afecto en el hombro y regreso a la mesa, donde la señora se ha calzado, en sólo un par de tragos, media botella del maldito afrutado. Sin respirar, casi. Aún no ha puesto la copa sobre el mantel cuando aparece el primer camarero con una ensalada de remolacha y apio. La señora pincha una rodaja de remolacha y la proyecta directamente sobre la porción de puño de camisa blanca que asoma por la manga derecha de mi chaqueta. Luego, excusándose, torpe, intenta limpiarme con su servilleta y extiende la mancha a la chaqueta misma, inspirándome el anhelo urgente de que me trague en el acto la tierra. Más tientos al vino. Más parloteo sobre el proyecto. Asiento a ratos, sin prestar atención a lo que dice, mientras empiezo a pensar que la prójima lleva en el cuerpo algo más que alcohol. Por encima de su hombro miro a Marcelo, que vigila de lejos la mesa con perfecta calma profesional. Alzo una ceja en su dirección, y treinta segundos después un camarero retira la remolacha y otro sirve el lenguado. La señora pincha trozos en el tenedor, liquida lo que queda de vino y habla con la boca llena de un modo repugnante, proyectando trocitos de pescado sobre el mantel. Se ríe, la maldita, exactamente igual que Gloria Swanson en El crepúsculo de los dioses. Reprimo el ansia desaforada de dejarla allí y salir corriendo. No he pasado tanta vergüenza en mi vida. El maître sigue observando de lejos, fiel como un doberman. Al tercer trocito de pescado que cae sobre mi chaqueta -esta vez en la manga izquierda- alzo otra vez las cejas en dirección al maître y hago con el dedo en el aire, discretamente, ademán de firmar la cuenta. Once segundos después tengo la cuenta sobre la mesa, firmo el recibo, dejo una propina monstruosa que Marcelo retira como lo más natural del mundo, me levanto con un suspiro de alivio, balbuceo excusas, conduzco, o casi arrastro, a la señora hacia la puerta. Allí la meto en un taxi, la veo largarse, miro el reloj. Toda la comida ha durado exactamente veinticinco minutos. Exhausto, vuelvo al restaurante para disculparme con Marcelo, y veo que aguarda junto a la barra. Antes de que yo abra la boca, comenta: «Espero que todo haya ido bien». Asiento, le estrecho la mano. «¿Quiere comer algo?», pregunta, afable. Respondo que no, que perdí el apetito. «¿Aceptaría una copa?», sugiere. «Me vendrá bien», respondo. Entonces abre una botella de estupendo Malbec y me sirve él mismo. «Fue un gusto atenderlo», comenta. Lo miro a los ojos. «Gracias, amigo mío», murmuro. Entonces, al fin, se permite una ancha sonrisa. «No, señor. Al contrario», dice. Y después se aleja tranquilo, imperturbable, caminando entre las mesas.

Partos de Nacho [7]: Inauguración Embajada

En fin, no os lo podéis perder, mordaz, irónico, incisivo, genial como siempre Nacho, que aunque no tenga que ver con comida, merece la pena ser leído. Por fin después de unos cuantos años de reforma de todo el bloque de viviendas, ya vuelve a su piso, a su embajada, a…. leedlo:

Diario Oficial del la R:S:S: de Transnístria
Declarado de lectura obligatoria 
Brillante inauguración de la Embajada de Transnístria en Botinburgo
       Tras ímprobos esfuerzos, larguísimo periodo de tiempo y toneladas de dinero invertido, se ha procedido a la inauguración oficial de la Embajada de la R.S.S. de Transnístria en Españistán, sita en el nº 26 de Busgosstrasse en la ciudad de Botinburgo (antigua Fachander).
      El embajador plenipotenciario, camarada Bonaparte O´Leary, y altos funcionarios consulares recibieron en el Muelle de Albareda a las autoridades de la República que vinieron embarcados a bordo del crucero “Aurora”, buque insignia de la Armada Roja de Obreros, Campesinos y Soldados de Transnístria que llegó escoltado por el portaaviones nuclear “Admiral Hektorov” y una flotilla de fragatas.
     La Armada de Españistán, semidesguazada, sin combustible y con submarinos gordos; no pudo oponer la menor resistencia y tuvo que “mirar para otro lado” mientras la heroica Armada Popular de Transnístria violaba repetidas veces las aguas territoriales españistanís y todo lo que se pudo violar haciendo mofa, befa y escarnio de la probada ineficacia de las FF.AA. de la Monarquía Bananera españistaní.
      Nada más bajar a tierra, el camarada Vladimir Ilich, máximo líder de la República, pronunció una frase para la Historia: “Cuando vuelva, quiero ver esa puta mierda de edificio de Botin hecho escombros”, que fue muy aplaudida por el público concentrado en el muelle.
         Acto seguido, la comitiva fue conducida atravesando las calles del centro de la cochambrosa ciudad  de Botinburgo al edificio consular mientras sus componentes se burlaban abiertamente de la su alcalde y de la Policía Municipal que no sabía qué hacer.
      Llegados a Burgosstrasse, que actualmente es la zona norte de la Plaza del infecto rey Juancar I “ Cadera Campechana”; el carro blindado que conducía a las autoridades se detuvo y tuvo lugar un improvisado mitin al pueblo españistaní congregado para la ocasión, comenzando las intervenciones con el camarada Vladimir Ilich que insultó repetidamente a “Los mamelucos idiotas de gente españistaní, que aún no se han enterado que les han declarado otra guerra civil los (****) que les gobiernan y que les roban hasta la goma de los calzoncillos…”, siendo muy aplaudido por la comitiva transnístria y el resto de concentrados.
       Poco después, el camarada embajador Bonaparte O´Leary pronunció un discurso de bienvenida atentamente escuchado por el camarada Comisario del Interior NKVD-KGB-CheKa Lavrenti Pávlovich Beria, que vigila la ortodoxia de pensamientos, palabras, obras y omisiones por nuestro bien.
      El camarada O´Leary  se dirigió a las presentes ensalzando la trayectoria revolucionaria de los representantes del Soviet Supremo llegados a Botinburgo, y presumió de “no haber cursado invitación alguna a los títeres cleptómanos que forman el gobierno de Españistán, de Kaskarria ni de su capital, Botinburgo”, y que se sentía “honrado de representar a los ciudadanos de Transnístria en este infecto burdel de ciudad de longevísima tradición fascista y burguesa”, (su nombre anterior al golpe de estado protagonizado por Don Emilione, patriarca de la Cosa Nostra kaskarriense, españistaní y mundial fue “Fachander”); pues “un verdadero ciudadano libre de la República Popular Transnístria debe elegir el puesto más difícil y penoso para servir a la Revolución”.
Asimismo, fue expulsado del acto un curioso travesti que interrumpió el acto y que quería “bendecir” el edificio y que dijo llamarse “Avispo”, “Evispo” u “Obispo”. También preguntaba incesantemente que “dónde estaba la mesa de los canapés” y el “vino españistaní” ante la sorpresa primero y la ira después de los concurrentes. Explicado a las autoridades transnístrias por el intérprete que el citado travelo era ni más ni menos que el embajador del Vaticano en Botinburgo, una larga carcajada y múltiples “pedorretas” le recordaron que Transnístria no reconoce a ese estado romano de opereta.
     El individuo, cargado de joyas y ataviado con un curioso vestido bordado, quería echar agua al edificio y cobrar una fuerte suma por ello. Fue expulsado del acto por las tropas de la Guardia Roja que controlaban el acto.
      Solventado el incidente, se descubrió por parte del camarada Vladimir una placa de titanio traída de las minas del Gulag 17 con el texto:
     
 “К Españistaní разгону: CCP Transnistriskaya антиправительственных демонстраций, продолжающихся jodan в Турции с конца мая, могут подключить армию. Пока с манифестами справляются ondonasky Hostias полицейские. Botingrad, 1  b Nylnñ    2013 сообщает”
“Extranjero españistaní: Este edificio es propiedad de la R.S.S. de Transnístria, así que disfrutemos de la coexistencia pacífica, no toquemos los cojones y vaciles los justos; o habrá hondonadas de hostias. Botinburgo,  1 de Julio de 2013.”
      Acto seguido, se sirvió en lugar del afeminado “Vino españistaní” (que, como se sabe, consiste en vinucho débil y pinchos de una masa bien pétrea o bien con huevo roto chorreante y patatas semicrudas llamada “tortilla”); un magnífico “Vodka transnístrio” consistente en tres vagones cisterna de cuatro ejes de vodka, toneladas de encurtidos en vinagre (para conservar el legendario amigable carácter transnistrio) y numerosísimos gin-tonics que hicieron las delicias del público asistente hasta altísimas horas de la madrugada.
      Antes de terminar el acto, el camarada Presidente del Soviet Supremo de Transnistria Vladimir Ilich rebautizó en un emotivo acto la plaza del rey “Caderas Campechanas” que queda como se ha dicho justo al Sur del Edificio Consular, con el nombre de un héroe resistente caído en la lucha antimonárquica, el camarada oso “Mitrofán” que fue asesinado vilmente por el indigno Jefe de Estado de la corrupta Españistán mientras bebía vodka y miel. (El citado asesino “Cadera Alegre” no consta lo que bebía, pero conociéndole es muy probable que hasta el agua de los floreros).
Tras los gritos de ordenanza: “Transnístria, Una!. Transnistria, Enorme!. Transnístria, Bruta!” y el Himno Nacional “Transnístria, Patria querida” que fueron decididamente coreados por la asistencia ya visiblemente “entonada” por el líquido de los vagones, la comitiva zarpó de la bahía botinburguesa con rumbo desconocido y el camarada O´Leary se reintegró a su puesto de trabajo desde donde seguirá auxiliando a los ciudadanos transnístrios y conspirando contra el miserable país que lo acoge.
      El edificio consular ha sido construido durante dos años y siete meses por prisioneros moldavos de la Guerra de Independencia Transnístria (1992) que, en un alarde de la mítica generosidad y clemencia socialista serán liberados y deportados no bien terminen lo últimos retoques.
      Está dotado de las más modernas instalaciones que la tecnología transnístria ha alcanzado, incluyendo residencia diplomática, bar,  centro de comunicaciones, bar, hospital clínico, bar, capilla atea, bar, biblioteca, bar,  sauna, bar, puticlub, bar, cocina moderna, bar, despensa para resistir  muy largo tiempo, bar, etcétera; y cuenta para su defensa contra cualquier enemigo españistaní, israelí o de las fuerzas armadas vaticanas (nuestros tres históricos enemigos) con todo tipo de armas defensivas ultramodernas, desde mosquetes de chispa a “órganos de Stalin” y ICBMs tanto nucleares como bacteriológicos y químicos que, como aseveró el camarada Vladimir en su discurso: “…sirven para enseñar al posible enemigo que `cuidadín, que quema el caldo`, y que ´una hostia es un segundo`, así que al loro y no vacilemos demasiado”-
      Informó desde Botinburgo para “PRAVDA” el corresponsal Iossif Visariónovich.
By Nacho 1-7-2013